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La influencia de Activision en Blizzard y su impacto en Diablo

Esta es la tercera y última parte del artículo de investigación de Kotaku que habla del desarrollo de Diablo IV y los cambios en la cultura de Blizzard debidos a la influencia de Activision. Puedes leer la primera y segunda parte también.


En las navidades de 2018, durante la reunión anual de Blizzard llamada “Plan de batalla”, el jefe financiero Amrita Ahuja habló a todo el mundo, según nos cuentan dos personas que estuvieron allí. Fue una sorpresa para todos cuando dijo que uno de los objetivos de la compañía en el año era ahorrar dinero.

Es la primera vez que escuchábamos que la prioridad era reducir costes e intentar no gastar tanto. Fue presentado como: no gastéis dinero en lo que no es necesario.

Ahuja era nueva en Blizzard, empezó como CFO (jefe financiero) en las oficinas de Activision en Santa Monica, donde pasó ocho años trabajando en finanzas y relaciones con inversores. La percepción en Blizzard era que había venido a limpiar las cuentas, ahorrar tanto dinero como fuera posible y a la vez reforzar los productos lanzados. El lanzamiento de Overwatch en 2016 había sido un éxito, pero en 2017 y 2018 la compañía lanzó muy pocas cosas: un remaster de StarCraft, expansión de World of WarCraft y por supuesto, parches y actualizaciones de otros juegos. Eso fue todo.

Tradicionalmente, Blizzard ha estado completamente separada de Activision, con sus propios estándares de calidad y marcas, hasta el punto que parecían dos compañías diferentes. Puedes encontrar algunos guiños aWorld of WarCraft en StarCraft II pero nunca verás un personaje de Overwatch en Call of Duty. En los últimos años, eso ha cambiado. La tienda digital de Blizzard, Battle.net, ahora tiene juegos como Destiny 2 y Call of Duty: Black Ops 4. Bungie apareció en la BlizzCon 2018 para anunciar que Destiny 2 iba a ser gratis temporalmente. Y hay un sentimiento entre los desarrolladores de Blizzard que las dos compañías están cada vez más entrelazadas.

Resulta que 2018 ha sido un año débil para Activision. El editor no está contento con el desempeño de Destiny y iba a recibir un golpe en las acciones en el tercer trimestre del año al mostrar resultados que iban a decepcionar a los inversores. Una tendencia que veía reducir los usuarios mensuales activos que siempre han sido una métrica clave para Hearthstone y Overwatch. Durante 2018, Activision dijo a los inversores que esos números se reducían. Combinado con la falta de juegos de Blizzard, es fácil ver por qué los ejecutivos de Activision habían decidido intervenir.

Era para pensar que Blizzard estaba de capa caída y no teníamos dinero. La forma en que todo el gasto era escrutado, nos hacía pensar eso. Pero obviamente no era el caso. Pero era la primera vez que escuchábamos que teníamos que mostrar crecimiento y eso fue desalentador para mi.

Blizzard parece estar reforzando sus equipos de desarrollo. Uno de los actuales desarrolladores dijo que el equipo estaba siendo alentado a crecer, a la vez que querían reducir costes en otros sitios. Es un proceso que puede no haber terminado aún, ya que Activision sigue buscando cómo mejorar el lanzamiento de juegos de Blizzard de forma más regular. 

Nos dicen que tenemos que gastar menos en todos los sitios porque no tenemos nuevas franquicias. Overwatch ha puesto el listón muy alto en lo que esperamos ganar en un año, hay mucha presión por parte de Activision para que las cosas se muevan. Quieren algo que enseñar a los accionistas.

Entonces, en octubre de 2018, Blizzard perdió a su líder. El cofundador Mike Morhaime, un CEO que se dirigía de forma jovial a los fans en cada BlizzCon, dijo que daba un paso atrás, para ser reemplazado por el veterano productor de World of WarCraft J. Allen Brack. Allen Adham y el jefe de desarrollo Ray Gresko también se unieron al equipo de administración de Blizzard, quizá para asegurarse que el estudio fuera capitaneado por desarrolladores que habían vivido y respirado Blizzard.

Fue un gran movimiento para Blizzard y vino justo cuando ya había preguntas sobre la influencia de Activision. Morhaime era muy querido en la compañía, descrito como el anti-presidente.

No se preocupa por la rentabilidad, sólo quiere que sus empleados estén contentos y sólo quiere hacer buenos juegos y mantener a la comunidad feliz.

De repente, se escuchaban rumores en los pasillos, preocupaciones sobre el coste y los planes del presidente de Activision Bobby Kotick para Blizzard.

Se siente como que el departamento de finanzas está haciendo más llamadas que nunca, nunca hubieras escuchado eso hace tres o cuatro años.

Los cambios culturales no son tan obvios. Cualquiera que haya trabajado para una empresa grande puede decirte que las presiones invisibles pueden aparecer con el tiempo. Alguien en Blizzard puede tomar la decisión con la mejor de las intenciones, pero ellos saben de forma inconsciente que los jefes corporativos de Activision quieren reducir costes y agradar a los inversores, ¿quién sabe cómo eso puede afectarles? Con Activision y Blizzard estando menos y menos separados, ¿qué otro tipo de solapes veremos en sus variadas divisiones?

Estos días, hay desconcierto en Blizzard, tanto externa como internamente. Las extrañas decisiones tomadas con la franquicia de Diablo han aumentado esa sensación. Algunos que han trabajado en Blizzard creen que cancelar la segunda expansión de Diablo III fue uno de los errores más graves de Blizzard en los últimos años. 

Recuerdo cuando nos miramos unos a otros y dijimos: si hubiéramos hecho esa expansión en lugar de perder la mitad del equipo como resultado de la cancelación, y luego los cambios de personal, de administración, seguir el camino de Hades… Si no hubiéramos hecho nada de eso y nos hubiéramos centrado en hacer un tercer acto sólido para Diablo, estaría ya en el mercado.

Hay futuro para Diablo, uno que no sólo se limita a móviles. Diablo III puede estar en horas bajas, pero Diablo IV todavía está en desarrollo, a pesar de la cultura de secretismo que ha hecho que Blizzard no haya mencionado su nombre. No hay forma de saber qué puede pasar con el proyecto en el futuro, pero ahora mismo, existe. La gran pregunta es, ¿cómo será Blizzard en dos años? ¿y en cinco? ¿Cómo pueden las expectativas y tensiones impactar lo que una vez fue una de las compañías de videojuegos más queridas durante casi tres décadas? Quizá no sepamos las respuestas hasta la BlizzCon de 2028.

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