Escritos de Abd al-Hazir/Dark Cultist

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Marked by Dark Cultists, traducido como Marcado por los cultores oscuros, es el número de entrada 042 de los Escritos de Abd al-Hazir, un relato corto publicado el 28 de junio de 2008[1].

Texto

Supe que los cultores me habían encontrado cuando vi el cuchillo curvo lleno de sangre atravesar violentamente mi puerta esta mañana. He pasado meses intentando mitigar las imágenes febriles que me han atormentado desde aquel encuentro hace escasos meses, pero es inútil. Y ahora saben quién soy.

Hay una oscuridad absoluta y opresiva en las profundidades de la naturaleza por la noche. Por eso, cuando vi la luz distante del fuego mientras me abría camino a través del espeso bosque de Tristán, agradecí la compañía de otros viajantes. Pero a medida que me acercaba, algo incluso más oscuro que el bosque me recorrió el cuerpo. Era tan horrenda esta sensación que pensé en darme la vuelta, hasta que el sonido de unos cánticos llegó a mis oídos y me atrajo. Le doy las gracias a los dioses que me bendijeron con la presencia de ánimo para detenerme antes de entrar en aquel lugar profano del que procedía el sonido. En su lugar, busqué un lugar estratégico bien oculto desde el que podía ver el frío claro que parecía violentamente arrancado de las profundidades del bosque.

Entonces fue cuando vi por primera vez a los cultores oscuros, dispuestos en un círculo. Sus antorchas alumbraban los actos macabros con una luz pálida que danzaba sobre sus llamativas túnicas cubiertas de runas. Había oído historias de esos cultores encapuchados y de sus depravados rituales, y tengo que admitir que sentí cierta curiosidad al verlos. Cuando entonaron sus cánticos, pensé en huir para que no me vieran, pero un suplicante pálido con ojos ausentes al que inclinaban hacia delante atrajo mi atención. No sé si tenía capacidad mental limitada, estaba perdido en el arrebato religioso o solo drogado, pero ciertamente no estaba cuerdo cuando se arrodilló en el centro del vibrante círculo.

Los cánticos se acallaron cuando el líder, con la cara ensombrecida con una pesada capucha dorada, dio un paso adelante y empezó a entonar un ritual en una lengua indescifrable. Un cultor grande de gran musculatura que llevaba una máscara de cuero cubrió la cabeza de la víctima con una capucha negra completa y sacó un clavo del tamaño de un pie de su faja. Mi mente buscaba un posible uso para este clavo, cuando vi el inmenso martillo estigio que asía con la otra mano. Con un movimiento ágil, lo levantó sobre su cabeza e introdujo el clavo con intensidad encarnizada en la espalda del suplicante. Yo casi grito... pero la víctima no emitió sonido alguno.

Cuando preparó otro clavo, supe que no podía mirar más. Temblaba con solo pensar en esos clavos en mi espalda si me cogían. Desvié la mirada cuando escuché el repugnante sonido de otro clavo que se hundía en carne viva. Mis ojos recayeron en la túnica del líder de los cultores. Las intrincadas runas tejidas en ella se ondulaban y giraban con un movimiento espeluznante. Según miraba, horrorizado, sentía que mi cordura se venía abajo. Comencé a retroceder del cruel escenario, forzándome a moverme lentamente mientras que mi mente me gritaba que huyera desenfrenadamente. Cuando ya no me pude contener más, empecé a correr a toda prisa, sin importarme el ruido que hiciera. Corrí hasta que me desplomé. Y, en cuanto pude, me tambaleé y seguí corriendo.

No hace mucho, escribí mi decepción sobre Nueva Tristán, sobre que no daba el palpable pavor que su reputación hacía pensar. Ojalá no hubiera tentado al destino con mis rápidas palabras. La decepción es mucho más preferible que el crudo terror, y con el terror fue con el que me topé esa noche.

Desde que volví a casa, he estado investigando febrilmente a esos cultores cautivados por el demonio en un esfuerzo por aliviar mi mente, para asegurarme de que realmente no había visto lo que vi, pero cada historia susurrada, espantada, solo consigue ahondar el escalofrío que se ha apoderado de mí. No sé qué hice para alertarlos, pero mis peores miedos se han hecho realidad. Me han marcado.

Este es el último escrito conocido de Abd al-Hazir, conocido por su recopilación de hechos extraños y maravillosos sobre nuestro singular mundo. Se encuentra en paradero desconocido desde finales del año pasado.[2]

Referencias


v · d · e Escritos de Abd al-Hazir
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